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日志


4月2日

La mesa que te parió

PERSONAJES
 
Jorge.
Profesora.
Amigo infantil.
Amiga infantil.
Madre.
Padre.
Mendiga.
Amigo adolescente 1.
Amigo adolescente 2.
Puri.
Novia de Jorge.
Cura.
Monaguillo.
Onofre.
Secretaria.
Inmigrante.
Grecorio / psiquiatra.
Enfermera 1.
Enfermera 2.
Médico.
 
SINOPSIS
 
A través de flashbacks Jorge, el personaje protagonista, recuerda su vida mientras está en coma a través de las mesas más importantes de su vida.
 
Jorge es un hombre atormentado porque ha tenido una vida frustrante: su madre era una histérica, su padre un pasota y ambos se divorcian el día de su cumpleaños. Su novia le abandona en el altar por el cura. Un mendigo le asusta para el resto de su vida cuando es niño y sus amigos lo dislocan con asuntos de droga. Desde pequeño no puede contener el pis cuando está nervioso y eso es algo que lo frustra aún más.
En una de sus sesiones con su psiquiatra acaba tirándose por la ventana y es en la camilla donde lo intentan reanimar cuando Jorge hace un repaso de su vida.
 
La obra finaliza con un baile (I will survive, versión española).
 
Es una obra dinámica, rápida, con humor irónico y algo de sarcasmo en los que se reflejan los problemas del día a día.
 
REQUISITOS
 
Teatro de sala totalmente cerrado.
Foso.
Sonido básico.
Iluminación básica.
Posibilidad de incorporar luz negra.
 
 
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Y tú a que has venido

PERSONAJES
 
Estatua.
Ama de casa.
Espiritista.
Chapuzas.
Aventurero.
Actor en paro.
Duquesa.
Guiri.
Anciana 1.
Anciana 2.
 
 
SINOPSIS
 
Una estatua dorada ocupa un extremo del escenario con una sola razón de movimiento: todo aquello que se dijera sobre El Quijote.
Todos son convocados con una extraña carta por un extraño remitente: Súper Q. Deben dirigirse a una isla desierta en medio de un océano perdido. Cada uno recibe un motivo diferente en su misiva relacionado con su forma de vida, pero en realidad todo es una treta de Súper Q para reunirlos a todos.
¿La verdadera razón? Hacerles crear una nueva versión de El Quijote.
¿La estatua? El tataranieto de el último plagiador de la famosa obra.
 
A través de 50 minutos de risas, humor y toques literarios, el espectador verá como El Quijote puede formar parte de la vida de cualquiera, porque Don Alonso Quijano somos un poco todos.
 
REQUISITOS
 
Teatro de sala.
Iluminación básica.
Sonido básico.
 
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Donde comenzó Ohanna

Hace alrededor de un año y cinco meses comenzó Ohanna por un viaje: el viaje a Avilés. Esta fue la crónica de aquella ruta que dio tantos frutos...el más importante: esta familia.
 

 

CUATRO DÍAS PARA RECORDAR

Nati, Hernán, Javi, Amparo, Pilar, Servando, Mariano, Raul, Hael, Hamichi, Ali, Roci22, Ade, Myri, Eva, Bea, Leo, Anto, Mariapi, Pilita, Heavy e Ysa: el grupo de Teatro de la Universidad Popular de Calzada de Calatrava se embarcó en un viaje hacia Asturias en noviembre. Esta es la historia de cuatro días irrepetibles.

         Todo empezó hará cosa de un mes: acabábamos de tener otra de nuestras geniales ideas, de esas que para llevarlas a cabo hacen falta dos elementos básicos: no tener tiempo y ser de nuestra peculiar “familia”. La idea en cuestión fue  retomar una asociación perdida años atrás, A.C. Fontanar, el pensamiento dio sus frutos materiales y aquel día habíamos decidido quedar algunos de los miembros del grupo.

            Era un sábado por la mañana  y nos reunimos en una cafetería para decidir sobre algunos temas importantes: conseguir nuestra ansiada sede, los proyectos que empezaban a tomar forma, los planes  de Navidad, para Carnaval…

            En esas dos semanas en las que nuestra ilusión empezaba a materializarse, nuestras utopías versaban por todo y por nada en concreto. Esa misma mañana nos dieron, por fin, el lugar para ubicar nuestra trinchera, lo que todos llaman “la biblioteca antigua” y desayunando mientras nos palmeábamos las espaldas unos a otros llegó Nati  ( y olé, ella es nuestra directora del grupo de Teatro, una erudita en el arte de la paciencia y nuestra mejor baza para que todo, siempre, salga bien, o al menos salga). Aparte de todas sus virtudes, Natividad Germán Gómez tiene un defecto tremendo: no puede callarse algo que le haga ilusión. Así, mientras que solo venía para estar un rato con nosotros y comentar cómo había ido la semana en temas referentes a la recién reestrenada asociación, se le escapó un pequeño secreto que Hernán Valdés, director de la Universidad Popular de Calzada, le había contado como idea pero que aún no era seguro.

            Se celebraba en Avilés (Asturias)  del 16 al 19 de noviembre la Asamblea General de la Federación de Universidades Populares que acogía toda España y parte de Europa; y  se había pensado en llevar a nuestro grupo de teatro como muestra, ya que todas las Universidades Populares asistentes aportarían algo a la Asamblea.

            La reacción que siguió a ese comentario es, para mí, algo confusa. Algunos abrieron la boca, otros pensaron que era una broma, y los más empezaron a reír con solo imaginarse en el lugar en cuestión. Creo que todos pensamos que era una broma la primera milésima de segundo. Pero llevábamos esperando algo así demasiado tiempo como para no desear que fuera cierto. Nati pareció quedar algo abrumada con la cantidad de ilusión derrochada en apenas diez segundos y tal vez pensara si no hubiera sido mejor callar en vistas de que el viaje podría no realizarse nunca. Recordemos: era solo una idea.

            Sin embargo, ese proyecto fue tan bien acogido entre todos, que tanto Nati, como Hernán y todos aquellos que podían hacer algo, apostaron fuerte porque el viaje saliera adelante. Así pues, tras unas semanas de espera y desespero, algún que otro problema financiero, y muchas, muchas ganas, el viaje comenzó el día 16 de noviembre de 2006.

            La mayoría de la comitiva salía desde Calzada o Ciudad Real – qué horas intempestivas para decir hola al mundo, algunos, fuentes confirmadas, a las cinco y media de la mañana -, compartiendo autobús con los representantes de las Universidades Populares de la provincia de Ciudad Real asistentes a la Asamblea.

            Eva, Roci22, Hamichi, Raúl, Miry e Ysa, residentes en Madrid,  quedaron en la parada de Metro de Aluche a las 11.30, lugar de encuentro con el resto de la compañía para subir al autobús. Nunca había estado tan contenta en un día con tanta lluvia, llegamos felices hasta la plaza de Aluche, a pesar de que varios desaprensivos empaparon nuestros pantalones hasta la rodilla al cruzar una calle de 6 carriles: Avenida de los Poblados. Antes de subir al autobús nos pertrechamos de todo aquello que podría hacer falta en un viaje de más de seis horas (véase bebida y comida en abundancia). Esperamos al autobús hasta las doce y diez, y ya a través de las ventanas pude ver que aquel viaje sería, sin lugar a dudas, absolutamente genial.

            Al subir todos aplaudieron, no por nada en especial, pero suele salirnos esa vena artística de aplaudir por todo. Somos un poco exagerados, pero así cogíamos fuerzas para ocho horas de intenso trayecto, más las cuatro que llevaban los que venían de La Mancha. Nuestra adhesión al viaje tuvo graves consecuencias: todos se despertaron, y la comida y la bebida apenas duraron una sexta parte del viaje.

            Pasadas cuatro horas hicimos una parada para comer en un buffet, y comenzaron las primeras anécdotas: Mientras que Myri regañaba a Mariano porque no colocaba bien la bandeja y se balanceaba demasiado, Mariano gruñía porque decía que estaba bien equilibrada, finalmente la gravedad pudo más que la tozudez de Mariano, y toda la bebida acabó derramada en el suelo. Montamos un lío considerable – aunque no es nada fuera de lo habitual – y Hernán pudo hacer gala de sus dotes  telequinésicas cuando apenas rozando un vaso, éste estalló en pedazos.

            Una vez hecha la cola para pagar en el buffet y cuando todos se habían tranquilizado tras los episodios de llamada de atención pública, nos dispusimos a comer; tras una hora de incesante pero lenta ingestión nos dimos cuenta de que aquella comida era demasiado para nosotros, por lo que decidimos entre todos guardar las sobras para el viaje, saliendo a la luz los tópicos de “¡qué pena tirar la comida!”, “¡hay muchos niños que no pueden comer”!, u otras frases menos típicas como “¡venga, guardarlo todo que yo me duermo quince minutos y hago hambre!”, de autor desconocido por falta de memoria. Sobras que después traerían problemas de olor en el autobús, aunque ese episodio es mejor dejarlo al margen. El último incidente consistió en Myri alterada, corriendo por todo el buffet y gritando porque le habían concedido una estancia de intercambio en Portugal, tema que ninguno creímos que interesara a las decenas de personas que había allí comiendo. Minutos después el caos se disipaba en el momento en que el último de nosotros cruzaba la puerta de salida.  

            El siguiente tramo de viaje estuvo caracterizado por el incesante ruido que provocan veinte voces al cantar cada una por su lado. Hicimos rondas de estilos, volvimos a los años 60, 70, 80, 90 y versiones de clásicos. Y una de nuestros acompañantes, a la que en secreto bautizamos ‘La Pantoja de autobús’, nos deleitó con una Zarzamora increíble, indescriptible como se emocionaba con el micrófono. 

            Así, entre Paquito el Chocolatero y ¿Cómo pudiste hacerme esto a mí? De Alaska y Dinamara, llegamos a nuestro destino: Piedras Blancas, un pueblecito fantástico a 6 Km. de Avilés.

            El Hotel Piedras sería nuestro hogar durante cuatro días. Después de instalarnos, con más ruido que silencio – como siempre – y después de que Bea y Eva se asustaran al entrar en su cuarto y ver que ya estaba ocupado – incidente que más tarde se solucionó con una habitación de matrimonio para ambas dos – bajamos a cenar. Después, tuvimos el placer de conocer a la Policía Municipal de Piedras Blancas, que tras avisarnos de que tomar algo en la calle era ilegal, nos pidieron que dejáramos todo limpio y que lo pasáramos bien. Poco después fuimos a dar un paseo por el pueblo y nuestro mayor placer fue encontrar un karaoke. Algo que recomiendo a todos aquellos sin sentido del ridículo y con ganas de disfrutar.

            Mariano y Amparo deleitaron a su público con el famoso tema de Pimpinela acompañado de una afinación brillante por su ausencia; tras esa irrepetible actuación todos fuimos haciendo gala de nuestra voz con dúos, solos y grupos completos, uniéndonos a gente del lugar, y haciendo de público enloquecido para aquellos que lo hacían realmente bien. Actuaciones memorables fueron la de Heavy por Héroes del Silencio, Adela y Alicia por Hijo de la Luna, Javi y Heavy por Manolo García, Ysa y Myri por Luz Casal, o ‘El Pelos’, del cual ya nunca sabremos el nombre, por Sergio Dalma. Operación Triunfo era un concierto de garaje a nuestro lado.

            El día siguiente, viernes 17,  transcurriría en Avilés. Tras levantarnos temprano y tomar un buen desayuno, nos marchamos hacia la ciudad para ver el espacio donde tendríamos que actuar, familiarizarnos con la ubicación y hacer algunos cambios en la estructura escénica para adaptarlas al escenario al aire libre.

            La agenda de la mañana estaba programada para que antes de comer, todos los detalles estuvieran listos, sin embargo el grupo esperó a la directora y al coordinador, Nati y Hernán respectivamente, durante casi cuatro horas sentados en la Plaza Mayor de Avilés. Los imprevistos de última hora son nefastos después de haber madrugado. Así, lo que estaba programado para la mañana tuvimos que hacerlo por la tarde. El ensayo duró más de lo previsto por la diferencia entre el lugar en el que teníamos que actuar y el espacio en el que la obra había sido creada, no ayudó nada el hecho de que se pusiera a llover, que empezaba a hacer frío y que un enorme grupo de niños nos miraban con caras bastante raras.

            El autobús nos recogió tras el ensayo callejero para llevarnos al hotel y cambiarnos. A las nueve y media debíamos estar preparados para la invitación a cenar que la Organización de la Asamblea nos había hecho. Nosotros llegamos puntuales, pero el transporte que debía desplazarnos al restaurante llegó una hora y media tarde. Tiempo en el que, a pesar del frío, usamos para continuar estrechando lazos entre aquellos del grupo que aún no se conocían bien, hacer bromas, entablar amistades nuevas con otros representantes de Universidades Populares y hacer enrojecer a Mariano, que soporta estoicamente todas y cada una de nuestras incursiones en temas delicados y referentes a las payasadas que hace normalmente.

            La espera mereció la pena, porque la cena fue realmente deliciosa, aunque molestó un poco el hecho de no poder sentarnos todos juntos. Tras la copiosa comida los autobuses nos llevaron de nuevo al centro de Avilés y recorrimos todos los bares principales de la ciudad, a saber: Boss, Pasarela, y Queen Maeve, y alguno más cuyo nombre ya no recuerdo.

            La noche fue corta entre risas, amigos y piruletas,  y el sábado había que volver a madrugar (en principio) para trasladar todo el atrezzo, los disfraces y el equipo desde el hotel hasta Avilés. Pero Nati y Hernán, en un gesto de infinita generosidad, nos dejaron dormir hasta las once de la mañana.

            Cuando todos estuvimos preparados nos fuimos hasta la parada del bus para irnos hacia Avilés, pero uno de mis despistes hizo que todos se marcharan dejando a Mariano y a Raúl solos esperándome bajo la lluvia mientras yo volvía al hotel para recoger lo olvidado; y esto dio lugar a otra de las anécdotas más comentadas del viaje: la improvisación realizada por los dos citados arriba en plena calle, corriendo tras el autobús interurbano gritando desesperados.

Cuando llegué de nuevo a la parada ya había otro autobús esperando, cuyo conductor no nos dejó subir durante los diez minutos de rigor que debe esperar entre llegada y salida, esto provocó la ira de Mariano que se acercó hasta la puerta del conductor para gesticular varias palabras que no citaré aquí.

            Después de dejar todo finalmente en los camerinos, fuimos todos juntos a comer y a escanciar sidra, arte por cierto, que no dominan muy bien aquellos que lo intentaron. Hernán lo intentó con nota de 6, Nati lo intentó pero quedó sin puntuación porque todas las botellas que le daban apenas tenían ya líquido – debe ser que no querían que ensuciara mucho - , Javi lo intentó y mejor no hacer comentarios, y Amparo...digamos que confundió dentro con fuera del vaso.

            A las dos y media de la tarde ya estábamos de nuevo en los camerinos, a 5 metros bajo tierra, eran subterráneos, y por un espacio de tiempo de seis horas. Horas en las que a nosotros nos da tiempo a recrear todo tipo de situaciones, sobre todo ilógicas y dementes: jugamos a las cartas, hicimos masajes, Raúl imitó a una lombriz parlante, Mariano demostró su pericia con los bailes sensuales, cogimos – sin querer- el agua para los asistentes a la conferencia que se daba en la sala de actos en la cual participó Hamichi, cardados, maquillajes, frío, calor, peleas de cariocas, siestas, chistes, anécdotas y unión.

            Las seis horas pasaron y llegaba la hora de actuar. Nati empezó a ponerse nerviosa y a agasajarnos con sus gritos tradicionales de momento previo a la salida al escenario, hay que explicar que nuestra amada directora es como el Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, se transforma antes, durante, y después de la actuación. Sin embargo ese día sus nervios tuvieron fundamento: hubo unos tremendos problemas de sonido. Tantos que la obra perdió parte de su esencia final, sin embargo la lluvia nos acompañó en el momento justo: cuando en nuestra obra debía llover. Las gotas de agua y los cañones de confeti se mezclaron en el aire, y finalmente todo salió bien.

            Todos los imprevistos en el último segundo son soportados con la experiencia, aunque sea terrible hacer estatuas a 8ºC y en manga corta, o aunque cuando camines hacia el escenario uno de los tirantes que sujeta tu títere dos metros por encima de tu cabeza se rompa. Nada nos importa, porque hacerlo, supera con creces cualquier dificultad que haya que superar para llegar a ese momento. Sobre todo si hay aplausos al final y todos nos felicitan.

            Fue una experiencia nueva increíble, actuar delante de aquellos que te conocen es difícil, pero hacerlo cara a cara con desconocidos es aún más complicado, y eso, para nosotros, se llama tablas.

            Recogimos e hicimos la recaudación, marchando de nuevo hacia el autobús para volver al Hotel a desmaquillarnos. Una tarea ardua, demasiado para algunas que pasaron casi dos horas metidas en una bañera con agua fría para quitar el tono azul que había adquirido su pelo para la actuación. Amparo y Pilar, encargadas de destrozar dicho cuero cabelludo, lo fueron también de deshacer el enredo, mientras, Nati sufría mirando como aquello se desteñía poco a poco. Ellas tres son mis ángeles de la guarda en esos momentos de desesperación e hipotermia.

            La noche del sábado fue algo más corta que las demás, el agotamiento empezaba a hacer mella en el grupo: Roci22 sufría un terrible dolor de muelas, Myri creyó que las cosquillas se notan a través de la suela de los zapatos y Servando fue víctima de sus propios ardides con un vaso roto.

            La mañana del domingo las risas se convirtieron en sonrisas tristes, hicimos nuestras maletas y bajamos a desayunar. Nos despedimos de la familia que regenta el hotel donde nos alojamos, chapeau por ellos, amables hasta la saciedad, fue un placer convivir con ellos durante cuatro días.

            El viaje en autobús de vuelta fue el negativo de la ida, todos serios, callados, dormidos. Cuanto más nos acercábamos al final, más descendían los ánimos. Cuando llegamos a Madrid todos bajaron a despedirnos: una fila enorme de amigos para abrazar, algunas risas, algún comentario, y muchos te quiero.

            La aventura había llegado a su fin.

            Este viaje no ha sido solo una muestra de teatro a muchos kilómetros, no sólo ha conformado la experiencia de actuar fuera de casa, no fue solamente un paso más para nosotros.

            Esos cuatro días fueron el momento para estrechar lazos que aún estaban sueltos, para conocer más a aquellos con los que compartimos el amor por el teatro, para valorar el hecho de que un grupo con tanta gente sea capaz de estar tan unido. Esos días juntos sirvieron para que algunos pasaran de ser compañeros a amigos, y para que los amigos lo fueran mil veces más. Ese viaje fue la confirmación de que somos una pequeña familia y la confirmación de que todos juntos somos a veces uno. Porque las sonrisas se elevan al cubo.

            Con el tiempo, lo que queda es el recuerdo de aquello que te hizo feliz, y nosotros tenemos baúles enteros de esos recuerdos.

            Gracias a todos aquellos que lo hicieron posible, a aquellos que siempre caminan a nuestro lado para apoyarnos y empujarnos en cualquier idea o proyecto disparatado que se nos ocurre, gracias, porque esos proyectos disparatados son la esencia de la vida.

            Esta es la crónica de un viaje a tierras desconocidas artísticamente para un grupo de teatro,  como lo era Asturias, pero sobre todo, es la crónica del recuerdo de 22 AMIGOS. De una familia.